COMIDA Y ESPIRITUALIDAD

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COMIDA Y ESPIRITUALIDAD

COMIDA Y ESPIRITUALIDAD

Cuando exploro con mis clientes qué es para ellos la salud y el bienestar, siempre me acaban transmitiendo  la idea de que para ellos es algo más que cuidar lo que comen. Quieren sentirse bien físicamente, pero también emocionalmente e incluso algo más, espiritualmente.

Desafortunadamente, la industria de la dietas y de la salud en general solo se enfoca en el cuerpo: nutrición, movimiento, calorías que entran, calorías que salen, etc… sin tener en cuenta que somos mucho más que un cuerpo físico, somos emociones, pensamientos y espíritu o esencia.

Desde mi experiencia personal  y el trabajo de todos estos años acompañando a personas a poner paz en su relación con la comida y con el cuerpo, es importante ampliar el foco, ya que hay un vínculo muy potente en la comida y la espiritualidad. Y cuando exploramos la pregunta de ¿para qué comemos?, a menudo surge la intención de llenar una especie de vacío existencial, un buscar una conexión profunda con algo que no sabemos definir, el hambre espiritual. Tenemos que tener en cuenta que la espiritualidad es una necesidad más dentro de nuestras escala de necesidades que surge dentro del contexto evolutivo del ser humano, pero que el ritmo del a sociedad occidental, los valores materialistas y las nuevas tencnologías parece que están colocándola en último plano.

Porque, ¿qué significa para sentirse “nutrido”? Como te decía, para muchos, la idea de alimento está asociada con la provisión de alimento para el cuerpo. Pero ahí ignoramos que además del cuerpo,  la mente, el espíritu  de una persona también necesitan ser alimentados para no solo para sobrevivir y sino también para florecer.

La mente, el cuerpo y el espíritu están íntimamente conectados y un individuo debe proporcionar alimento a todos los aspectos del ser para alcanzar sentimientos de estar vivo y de sentirse pleno.

¿Qué es la espiritualidad?

Desde mi punto de vista, la espiritualidad no es un concepto unitario, abarca a yo, al nosotros e incluso a algo más amplio.

En primer lugar, la espiritualidad incluye todas las formas en que nos conectamos con nuestro ser más profundo y verdadero, la parte que a menudo llamamos “espíritu” o esencia.

En segundo lugar, la espiritualidad incluye todas las formas en que nos conectamos desde ese ser más profundo más allá de nosotros mismos. Incluye el nosotros y el resto del mundo, e incluso hasta algo más grande. Para algunas personas, eso puede ser Dios, mientras que para otras puede ser el universo, la naturaleza, un ideal o  un sentido de humanidad común.

Como te comentaba, la comida y la espiritualidad están profundamente relacionadas. A menudo, comemos con la intención de llenar esa sensación de vacío existencial. Es una sensación de falta de propósito, de ir a la deriva en piloto automático, de desconexión de uno mismo y del resto de seres humanos.

La espiritualidad nos puede ayudar a poco a poco a irnos reconectando con nuestro ser auténtico y con el resto de personas que nos rodean desde un lugar de mayor sabiduría y compasión y poco a poco  ir nutriendo ese hambre existencial.

Al poner a las personas en contacto con la parte más profunda y verdadera de quienes somos, la espiritualidad nos reconecta con un sentido del yo que es algo más que nuestro cuerpo y de nuestros conflictos con la comida.

La espiritualidad nos ayuda a conectarnos  con nuestra esencia y nuestros  verdaderos valores y a darnos cuenta si algunos de los valores que estamos siguiendo, como la imagen corporal, el éxito, los logros, nos conducen a la vida que queremos vivir.

Es decir, nos reorienta a lo que es verdaderamente importante para nosotros y nos  ayuda a conectarnos  con nosotros y los otros de manera auténtica, no persiguiendo la validación externa o el estatus social.

La espiritualidad nos ofrece formas de hacer frente a la angustia existencial o a esa sensación de vacío que tan a menudo se vinculan con la comida. Las prácticas como la meditación, los paseos por la naturaleza, la poesía, el yoga,los textos inspiradores, el arte  o la música pueden ayudarnos a las personas a encontrar la paz interior, a aceptar lo que somos  y dejar de lado la necesidad de control y de perfección. Estas prácticas fomentan la compasión y la autocompasión, la fe, la confianza, la gratitud, la aceptación, el no juicio, la conexión con nuestros valores, etc…, actitudes que ayudan a poner paz a nuestro espíritu.

La espiritualidad nos ayuda a tener un sentido de identidad y un propósito, calmando la ansiedad del ego que busca y persigue en un camino interminable hacia la insatisfacción.

Porque comida, el control del cuerpo,  las compras, el sexo, etc… a menudo son caminos de nutrición equivocados, formas de llenar un vacío interno pero que a donde nos conducen es a más vacío e insatisfacción.

Con el tiempo, la espiritualidad nos puede aportar un sentido duradero de valor inherente y fomentar las conexiones con los demás. Cultivando  la sensación de ya estar en casa, dentro de mi cuerpo y en el mundo. De que ya soy suficiente tal y como soy. 

En otras palabras, libera a las personas de la necesidad de conductas desadaptativas con la comida, la sustancias, etc… como forma de control, de identidad, de significado o pertenencia.

Personalmente, empecé a practicar meditación vipassana con 20 años, cuando empecé a  intuir que la salida a mi turbulenta adolescencia, incluida una relación tormentosa con mi cuerpo y con la comida, pasaba por algo más profundo que se me escapaba.

La práctica de la meditación me ayudó a conectarme conmigo misma desde un lugar de más paz, de menos exigencia,  me ayudó a aceptarme y sentirme más nutrida.

Y con los años, han sido las prácticas de compasión las que han dado respuesta a muchas de mis inquietudes existenciales:

  • Ayudándome a saber que no estoy sola y que ya soy suficiente
  • Conectándome  con un sentido de confianza.
  • Conectándome con la gratitud
  • Soltando la exigencia.
  • Nutriendo  mi alma y mi espíritu y soltando mi ego.

 

Y a darme un sentido de propósito, una dirección en mi vida, una especia de brújula que me mantiene conectada al momento presente pero que a la vez va marcando la intencionalidad de mis acciones.

Y vinculado con esto y para terminar, te diré que ese sentido de propósito no tiene que ser algo excepcional, puede ser simplemente vivir una vida más basada en tus valores, o ser más compasivo, o estar más presente en el día a día, es decir, algo que te ayude a ofrecer una mejor versión de ti misma para ti misma y para el mundo, pero sin caer el perfeccionismo o en metas inalcanzables que solo aumentarían tu sentido de no ser suficiente. Como decía uno de mis maestros budistas, no todos tenemos porqué ser Nelson Mandela.

Espero que este post te haya ayudado y te haya hecho reflexionar sobre si tú también, igual que yo, tienes hambre espiritual. Para terminar, te dejo un poema  de Antonio Machado que espero que te ayude a nutrir un poquito tu alma.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

 

MIREIA HURTADO. PSICÓLOGA, TÉCNICO EN DIETÉTICA Y NUTRICIÓN Y ESPECIALISTA EN ALIMENTACIÓN CONSCIENTE, MINDFULNESS Y COMPASIÓN.


Espero que este artículo te haya resultado interesante. Si crees que necesitas más ayuda para poner paz a tu relación con la comida y cuidarte sin dietas ni restricciones, estaré encantada de explicarte cómo te puedo ayudar. 

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Comments (2)

  • Mireia Figueras Reply

    Muchas gracias por el post, Mireia.
    “A menudo, comemos con la intención de llenar esa sensación de vacío existencial. Es una sensación de falta de propósito, de ir a la deriva en piloto automático, de desconexión de uno mismo y del resto de seres humanos.”
    Estoy empezando a descubrir, después de muchas dietas “fracasadas”, que quizás haya algo a lo que no estoy prestando la suficiente atención y que no me permite estar bien. Te descubrí hace ya algún tiempo, con un taller de Mindful Eating que despertó en mi muchas sensaciones. Y, aunque todavía no ha llegado el momento, sé que volveré a realizar más talleres/cursos contigo para aceptar y dar salida a ese vacío y llenarlo de mí 🙂 Un abrazo,
    Mireia

    8 noviembre, 2018 at 8:04 am
    • MIREIA HURTADO Reply

      Hola Mireia,
      muchas gracias por tus comentarios, me alegro mucho que estés explorando con curiosidad qué lo que no estás prestando atención. Ese es el primer paso para mejorar nuestro autocuidado. Un cálido abrazo y me encantará coincidir de nuevo contigo.

      8 noviembre, 2018 at 8:07 am

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