Las raciones en vacaciones no son para cobardes

Raciones en vacaciones

Las raciones en vacaciones no son para cobardes

Las raciones en vacaciones,

Hace poco estuve en el parque temático Port Aventura con mi familia pasando el fin de semana, y aunque no comimos mal para ser un parque temático, (sé de buena tinta que en Euro Disney se come mucho peor), pudimos observar que el parque está lleno de fast-food, muchos de ellos en versión “mucha más comida por poco dinero más”. En varios sitios nos ofrecieron menús completos con bebida y patatas fritas sólo por un euro más de lo que queríamos inicialmente, muy tentador, claro.

Con estas estrategias los establecimientos ganan seguro, pero ¿nos damos cuenta que los que perdemos somos nosotros?

Este marqueting en torno a la comida forma parte de una nueva cultura importada de EEUU en la que se pierde el respeto tanto por el propio cuerpo, como por la comida que se ingiere e incluso por los recursos del planeta. Lo importante no es la calidad o el sabor, sino la cantidad, y cuanto más mejor, sin importar que nos incite a comer más de la cuenta, o que luego se quede la mitad de la comida en el plato, comida que luego irá a la basura.

Este formato de restauración, que ya lleva tiempo implantando en nuestro país, además de fomentar la obesidad, está poco a poco diluyendo nuestra tradición en torno a la mesa, buenos alimentos y comidos con calma. Lo preocupante de todo esto es que es un marqueting dirigido principalmente a familias con niños, que están aprendiendo a marchas forzadas la cultura de “mucha más cantidad por poco dinero menos”.

Aunque, todo hay que decirlo, en nuestro país las raciones extra grandes no existen solo como influencia anglosajona. En muchos lugares de España se sirven cantidades ingentes de comida, y el fenómeno no es fruto de estrategias de marqueting impuestas por las grandes cadenas de fast food, sino el mantenimiento de una tradición fruto de la necesidad. Necesidad de grandes cantidades de calorías para poder afrontar el duro trabajo diario en las zonas rurales.

En mis vacaciones en Asturias, pude comprobar que el tamaño de los platos era extra grande, manteniendo el tamaño original que comían los trabajadores del campo o de las minas para poder realizar esas duras tareas, tal y como me explicó una lugareña. En la mayor parte de los restaurantes, siguen sirviendo raciones para alimentar a un regimiento, tal vez más como forma de atracción para turistas ávidos de experiencias, también extra grandes .Y aunque de forma coherente la mayoría compartíamos esos platos entre varios, pude observar como varias personas hacían acopio ellas solitas de esos platos dignos de un luchador de sumo.

Y qué decir de las cantidades ingentes de comida que se sirven en los bufés libres de los hoteles, donde ahí no tenemos a nadie a quien tirar las culpas más allá de nosotros mismos, y donde se pone a prueba continuamente nuestra capacidad de decir basta.

Conocidos y clientes me comentaron al principio de las vacaciones que estaban aterrorizados al tener que enfrentarse a las cantidades de comida que se iban a servir en sus pueblos, en casa de sus familiares, amigos, etc…, donde no sólo como manda la tradición sino como mandan los cánones de un buen anfitrión, el invitado tiene que comer hasta casi reventar. Y estaban aterrorizados porque aunque tuvieran bastante claro que no querían comer hasta reventar, llegado el momento, no tenían tan claro que no se dejaran llevar por la inconsciencia y al final comer demasiado.

Más allá de anécdotas, que pueden ser hasta divertidas, nos enfrentamos demasiadas veces durante las vacaciones a comer más de la cuenta , ya sea en casa de familiares, en parques temáticos, en zonas rurales donde se comen raciones aptas para leñadores, en bufés libres de hoteles, etc…

Las vacaciones son para relajarse, y relajarse puede incluir también la comida, por qué no. Podemos aprovechar el verano para no tener que pensar en cuidarnos, y simplemente disfrutar.
El problema viene en septiembre, cuando nos damos cuenta que nos hemos engordado no uno ni dos, sino varios quilos y entonces, bajo un discurso crítico interno por haber comido tanto, nos vienen las prisas por perderlos cuanto antes mejor, muchas veces dejándonos llevar por métodos de adelgazamiento poco saludables.

Desde Mindful Eating o Alimentación Consciente invitamos a no tener una actitud crítica ante todos estos excesos sino una actitud amable y compasiva, ya que la mayoría de veces no son fruto de la decisión consciente de comer más de la cuenta, sino fruto de nuestro aprendizaje, de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, del marqueting, e incluso muchas veces de las preocupaciones y ansiedades acumuladas durante el año, que nos llevan a aliviar todas las tensiones a través de la comida.

Promovemos una actitud compasiva, pero a la vez una actitud enfocada al cambio. No somos culpables de los factores que nos influyen, pero sí que está en nuestras manos, una vez nos damos cuenta de ello, desde la responsabilidad, de intentar aprender de esos errores y emprender acciones para en un futuro poder enfrentarnos a estos mismos retos combinando la voluntad de disfrutar, con la de cuidar un poco mejor de nosotros mismos.

El discurso crítico interno o el auto juicio ante las actitudes que no nos gustan está demostrado que no solo no nos motiva, sino que nos genera más ansiedad y malestar. En cambio, una actitud compasiva, o sea, amable con uno mismo y con nuestros posibles errores, está demostrado que fomenta la fuerza de voluntad, la flexibilidad pero a la vez la firmeza necesarias para poder modificar nuestras conductas poco saludables en otras más saludables.

En vez de enfrascarnos otra vez en la enésima dieta de adelgazamiento para solucionar el haber comido más de la cuenta en vacaciones, podemos probar practicar la consciencia plena en torno a qué queremos comer y cuánto de eso queremos comer, para poco a poco aprender a responder de forma más consciente, en vez de reaccionar y dejarnos llevar por esas influencias y patrones aprendidos.

Por eso os animo este mes de septiembre, a hacer un repaso de vuestras acciones en torno a la mesa con una mirada no crítica, sino amable, pero a la vez siendo conscientes que sí está en vuestras manos cultivar una sabiduría interna mayor, practicando la consciencia plena, para poder tener más firmeza y valor a la hora de decidir cuándo parar de comer la próxima vez.

Y si no se consigue, seguir intentándolo, porque el objetivo no es la perfección, sino poco a poco aprender a cuidar mejor de uno mismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Descarga mi nueva guía!

 

Aprenderás a reducir tu estrés y mejorar tu relación con la comida.

Meditación del Hambre incluída en el interior.

Revisa tu email para DESCARGAR tu guía. Gracias!