Tener una relación difícil con la comida, con tu cuerpo o contigo misma se ha convertido en algo tan habitual que muchas personas llegan a pensar que es normal.
Pero que sea frecuente no significa que tengas que resignarte a vivir así.
Vivimos en una cultura que nos empuja constantemente a perseguir un ideal de cuerpo, productividad y perfección imposible de alcanzar. Una cultura que nos enseña a medir nuestro valor por cómo nos vemos, cuánto pesamos o cuánto conseguimos.
Y cuando intentamos cuidarnos desde la exigencia, la culpa o el control, solemos acabar más desconectadas de nuestras necesidades, más cansadas y más insatisfechas.
Mi propósito, y el de mi equipo, es ayudarte a salir de esa lucha para construir una forma de cuidarte más flexible, consciente y compasiva. Una forma de autocuidado que no dependa de cambiar tu cuerpo para poder sentirte bien contigo misma.
