Las vacaciones en general y el verano en particular pueden ser una gran oportunidad para practicar la alimentación consciente. Estos días solemos tener más tiempo para disfrutar de la comida, conectar con nuestro cuerpo y cuidar de nosotras mismas desde un lugar más flexible.
Al bajar un poco el ritmo, tener horarios menos rígidos o disponer de algo más de tiempo, también aparece un espacio para escuchar mejor nuestro cuerpo y relacionarnos con la comida desde un lugar diferente.
La alimentación consciente es una práctica que nos invita a disfrutar plenamente de la comida, saliendo de las restricciones y de la culpa. No consiste en comer «perfecto», sino en utilizar las habilidades de la atención plena para elegir de una forma más flexible, teniendo en cuenta nuestras diferentes necesidades: físicas, emocionales, sociales e incluso culturales.
Porque comer no es solo nutrir el cuerpo. También es celebrar, compartir, descansar, recordar o conectar con las personas que queremos. Cuando intentamos reducir la alimentación únicamente a calorías o nutrientes, es fácil que acabemos perdiendo esa visión más amplia y que aparezca la lucha con la comida.
La alimentación consciente nos ayuda precisamente a salir del todo o nada. Nos invita a comprobar cómo comer aquello que realmente deseamos desde un lugar de permiso —y no de prohibición— favorece una mejor autorregulación entre nutrición y placer y nos permite construir un autocuidado mucho más sostenible a largo plazo.
Hoy quiero compartir contigo algunas prácticas de autocuidado desde la alimentación consciente, el mindfulness y la compasión para que puedas aprovechar estos días de verano para cuidarte un poquito más.
1. Honra tu hambre desde la alimentación consciente
Honrar el hambre es uno de los principios básicos de la alimentación consciente y de la alimentación intuitiva. Y precisamente en vacaciones, cuando los horarios cambian, puede resultar especialmente importante seguir escuchando las necesidades del cuerpo.
Si llegas a la comida con demasiada hambre, es probable que comas con mucha urgencia y te resulte más difícil saborear, parar o notar cuándo has tenido suficiente. Y al final, aunque hayas comido aquello que te apetecía, probablemente no lo disfrutes igual.
Por el contrario, comer cuando no hay nada de hambre tampoco suele ser demasiado satisfactorio. Nuestras papilas gustativas responden de forma diferente cuando realmente necesitamos alimento y nuestro cuerpo también.
Parte de la satisfacción no depende solo de lo que comemos, sino también de llegar a las comidas con un nivel de hambre cómodo. Esa es una de las formas más sencillas de facilitar una relación más tranquila con la comida.
Eso sí, intenta no convertir este principio en una nueva norma rígida. La vida no siempre se adapta a nuestras señales internas. Habrá días en los que comeremos antes porque hemos quedado con amigos, porque vamos a hacer una excursión o simplemente porque es lo que toca. La flexibilidad también forma parte de una buena relación con la comida.
Y si un día sientes que has comido más de la cuenta, intenta resistir la tentación de compensarlo saltándote la siguiente comida o haciendo más ejercicio. Mantener un ritmo regular suele ayudar mucho más a recuperar el equilibrio que entrar en el ciclo de restricción y descontrol.
2. Explora con curiosidad qué combinaciones/tipos de alimentos pueden ayudarte a sentirte nutrida y satisfecha.
Aunque a veces cueste escucharlo, nuestro cuerpo tiene una enorme sabiduría.
No siempre necesitamos lo mismo. Hay días en los que nos apetecen comidas más ligeras y frescas y otros en los que buscamos algo más consistente. También nuestras necesidades cambian según el hambre que tengamos, la actividad física, el momento del ciclo menstrual o incluso el estado emocional.
En lugar de preguntarte únicamente «¿qué debería comer?», prueba a hacerte otra pregunta: ¿qué necesita hoy mi cuerpo para sentirse nutrido y satisfecho?
La satisfacción también es una necesidad. Cuando una comida nos deja satisfechas es mucho más fácil que después no aparezca esa sensación de seguir buscando algo más.
Si todavía te cuesta mucho conectar con estas señales, el Plato de Harvard puede ser una buena referencia para cubrir las necesidades nutricionales del cuerpo. No como una regla rígida, sino como una guía flexible que puedes adaptar a tus gustos y a la época del año.
3. Permítete comer tus alimentos preferidos dándote permiso incondicional para comer.
Uno de los principios de la alimentación consciente es el permiso incondicional para comer.
Puede sonar contradictorio, pero precisamente cuando dejamos de prohibir ciertos alimentos suelen perder gran parte del poder que tienen sobre nosotras.
La restricción alimenta la obsesión. Cuando nuestro cerebro interpreta que un alimento está prohibido, es normal que pensemos más en él, que lo deseemos con más intensidad y que, cuando finalmente lo comamos, sintamos que tenemos que aprovechar la oportunidad.
Por eso, salir con la familia y compartir unas tapas, disfrutar de una paella o tomar un helado en verano también puede formar parte del autocuidado.
La nutrición no es solo física. También existe una nutrición emocional y social. Comer es una forma de celebrar, de compartir y de crear recuerdos con las personas que queremos.
Y sí, el placer también forma parte de una buena salud.
Por otro lado, movernos constantemente entre la dieta estricta y el «ya que estoy…» suele alejarnos del equilibrio. Si en tu cabeza está presente la idea de que «en septiembre vuelvo a empezar», será mucho más fácil caer en el todo o nada durante las vacaciones.
Recuerda que todas las personas merecemos disfrutar de la comida, independientemente del tamaño de nuestro cuerpo. Aunque la cultura de la dieta nos haya hecho creer lo contrario.
4. Lleva la atención al placer al comer mientras comes.
Muchas veces buscamos comidas muy ricas, pero apenas estamos presentes mientras las comemos.
Comemos mirando el móvil, hablando deprisa, pensando en lo siguiente que tenemos que hacer o incluso sintiéndonos culpables por lo que estamos comiendo.
Y cuando nuestra atención está en otro lugar, también resulta más difícil registrar el placer y la satisfacción.
Practicar alimentación consciente no consiste en comer despacio por obligación. Consiste en permitir que el cerebro procese realmente la experiencia de comer.
Puedes aprovechar estos días para observar los aromas, los sabores, las texturas o cómo cambia el alimento en la boca. Es una práctica sencilla que suele aumentar la satisfacción y que, además, facilita que podamos regular mejor la cantidad que necesitamos.
Te dejo aquí un video de youtube donde te guio en una práctica (ten preparado un trozo de fruta para realizarla)
5. Practica un autocuidado solo para tí.
Las vacaciones también pueden llenarse de planes, compromisos y cuidados hacia los demás.
Por eso me gusta recordar que el autocuidado no siempre consiste en hacer grandes cosas. A veces basta con reservar un pequeño espacio para encontrarte contigo misma.
Pregúntate: ¿qué necesito hoy?
Quizá sea dar un paseo, nadar, leer un rato, hacer unos estiramientos, escribir unas líneas en un diario, escuchar música o simplemente sentarte unos minutos sin hacer nada.
No se trata de ser productiva también descansando. Se trata de recordar que tú también formas parte de las personas que necesitan tus cuidados.
6. Practica la autocompasión.
Las vacaciones pueden ser una época maravillosa, pero también especialmente desafiante.
A la presión que muchas personas ya sienten con su cuerpo se le puede añadir la convivencia, la crianza, los cambios de rutina o la idea de que deberíamos estar disfrutando todo el tiempo.
Y cuando no nos sentimos como esperábamos, aparece fácilmente la autocrítica.
La realidad es que pocas vacaciones se parecen a esos anuncios idílicos donde todo son risas, cuerpos perfectos y puestas de sol.
Si estos días estás teniendo pensamientos difíciles sobre tu cuerpo, te notas más ansiosa alrededor de la comida o simplemente no estás disfrutando tanto como imaginabas, no significa que haya nada mal en ti.
Quizá este sea un buen momento para practicar una pregunta diferente:
¿Cómo hablaría a una persona que quiero si estuviera pasando por esto mismo?
Intentar ofrecerte ese mismo tono de calidez puede convertirse en una de las formas más profundas de autocuidado.
Te dejo aquí una práctica de autocompasión para momentos difíciles (suscríbete a mi canal de youtube y recibirás todas las novedades sobre alimentación consciente, mindfulness y compasión).
7 . Practica la gratitud.
Esta es una de las prácticas que más me ayudan cuando noto que mi mente entra en un bucle de autocrítica o negatividad.
Nuestro cerebro tiene un sesgo natural hacia detectar aquello que falta o aquello que puede ir mal. Es un mecanismo que ha favorecido nuestra supervivencia durante miles de años, pero que también hace que muchas veces pasemos por alto todo aquello que sí está funcionando.
Practicar la gratitud no consiste en obligarnos a ser positivas. Consiste en entrenar deliberadamente la atención para incluir también aquello que sostiene nuestra vida.
Puedes agradecer una conversación, un baño en el mar, una comida compartida, el descanso o simplemente que tu cuerpo haya podido acompañarte un día más.
Porque la comida también es mucho más que combustible. Es una forma de cuidar, celebrar, conectar y crear recuerdos con las personas que queremos.
Y recuerda acercarte a todo esto desde un lugar de curiosidad y no de perfeccionismo.
Es normal comer más algunos días. Es normal que unas veces conectemos mejor con nuestro cuerpo que otras. La alimentación consciente no busca que nunca te excedas ni que siempre comas «bien». Busca que poco a poco puedas relacionarte contigo y con la comida desde un lugar de mayor flexibilidad, presencia y amabilidad.
Aprovecho para enviarte un cálido abrazo
Mireia
Y si quieres seguir profundizando aqui tenes mi masterclass gratuita «Cómo tener una buena relación con la comida» con prácticas y ejercicios concretos para ayudarte salir del ciclo control-descontrol con la comida.




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