Ayer me fui de una clase de yoga

EL AUTOCUIDADO VA SOBRE TODO DE PONER LÍMITES

Hoy te quiero compartir una anécdota y una pequeña reflexión al respecto.

Ayer fui a una clase de yoga en mi centro. Nunca había ido en ese horario y no conocía al profe. Tener un profe nuevo de yoga siempre me genera una cierta inquietud, porque me da miedo que la clase sea demasiado retadora para mí. 

Tuvimos que esperar 5 minutos a que el chico abriera el centro (debió tener algún incidente) y entre que entramos, nos colocamos, él se cambió, etc.… empezamos la clase casi 15 min más tarde. 

Yo empecé a notar malestar desde el momento en que nos abrió y no dio ninguna explicación. Al empezar la clase, seguía sin dar explicaciones. Se puso al inicio de la esterilla, y sin hacer ninguna práctica de centramiento o bienvenida, se puso a hacer directamente yoga, como con prisa, queriendo recuperar el tiempo perdido. Hablaba muy rápido, y hubo un momento que le pedí si podía repetir la instrucción porque no le entendía, a lo que me contestó que simplemente le fuera siguiendo. A esas alturas ya sentía tanto malestar, que cogí mi esterilla, me levanté y me fui. 

Cuando llegué a casa tenía un sentimiento que conozco muy bien y que me surge cuando pongo límites a algo. Se mezclaba el malestar por lo vivido, la culpa (tiendo a ponerme mucho en la piel del otro y a justificar su conducta) y a la vez de satisfacción porque permanecer en esa clase que no estaba siendo un lugar seguro para mí, no hubiera sido cuidarme. Yo no fui a hacer deporte, fui a hacer una práctica cuerpo-mente y la parte mente no estaba siendo respetada.

 

Hace unos años hubiera sido incapaz de marcharme. Me hubiera quedado hasta el final, con ese malestar dentro, incluso sin ser muy consciente de dónde podía provenir. 

¿Por qué te comparto esto? Porque probablemente hayas vivido un montón de experiencias en el ámbito de los cuidados donde no solo no te has sentido segura, sino que incluso te han humillado o faltado el respeto. No puedo ni imaginar si encima tienes un cuerpo no normativo, con toda la gordofobia que nos rodea. Mi anécdota puede parecer insignificante.

 

Y si has vivido situaciones así, quiero recordarte que no es tu culpa. Navegar en esta sociedad no es nada fácil. Los desencadenantes del malestar pueden ser múltiples y nunca sabes por dónde te van a venir. 

Lo veo continuamente en las mujeres que acompaño. Son muchísimas las historias que me comparten sobre situaciones donde no solo no se han sentido seguras, sino incluso amenazadas o faltadas al respeto. La semana pasada una participante de mi grupo Sanando en Comunidad compartió lo removida que se sentía después de un retiro de yoga. Tanto la profesora de yoga como muchas de las participantes estaban metidas dentro de la cultura de la dieta y del salutismo y ella sintió mucho malestar ante la cantidad de conversaciones en torno al peso y la comida. Cuando llegó a casa tuvo que hacer muchos ejercicios de compasión para calmarse y volver a conectar con lo que es autocuidado para ella.

Ser profe de yoga, dietista, médico, entrenador, etc, no garantiza ser capaz de ofrecer un espacio seguro para las personas que atendemos. Por muchos títulos que se posea, por mucha espiritualidad que se promueva, por muchos retiros y horas de meditación que se hayan hecho. 

Para ofrecer un espacio seguro, no solo se tienen que tener unas ciertas cualidades entrenadas (empatía, escucha, humildad…) sino que es importante haber hecho un trabajo personal de autoconocimiento y deconstrucción de patrones aprendidos y sobre todo tener formación sobre apego y salud mental (sin salud mental no hay salud). 

Desde mi experiencia y sin querer generalizar, el mundo del yoga esconde muchas personas que han hecho de perseguir la espiritualidad y la pureza una forma de camuflar sus miedos e inseguridades. 

Y mi reflexión hoy tiene que ver con esto: da valor a lo que sientes. Tu malestar es válido y mereces ser tratada bien, sea en el ámbito que sea. 

Mientras la sociedad no vaya cambiando, mereces saber y poder elegir qué es seguro para ti y qué no es seguro. 

Mereces aprender a escucharte, a validarte, a darte compasión para apoyar tu bienestar. Mereces poner límites. Mereces cuestionar los profesionales que tienes delante. 

Cada vez tengo más claro que el autocuidado tiene que ver con poner límites y no tanto con cosas como los aceites esenciales, las velas o los baños aromáticos (no estoy diciendo que eso no esté bien o no nos pueda funcionar en un momento dado). 

Pero todo esto,  poner límites,  es muy difícil si estás desconectada de ti y tus necesidades. Cuando un espacio no es seguro para nosotras, el cuerpo nos envía señales. Puede ser que no sepas escucharlas porque nadie te enseñó, o que las ignores porque hay un parte de tu mente que dice que “eso es culpa tuya”. 

Por suerte, cada vez más podemos encontrar en redes sociales redes de apoyo que desde el activismo nos ayudan a esa toma de consciencia, a soltar la culpa, a cuestionar la voz «del conocimiento», a poner límites y a sentirnos acompañadas. 

Pero también es importante que puedas aprender sobre tu historia de apego, cómo funciona tu sistema nervioso, qué situaciones pueden ser amenazantes para ti, sobre autocompasión y cómo activar tu sistema de calma y seguridad para navegar en medio de los desafíos de esta sociedad.

 

Sé que todo esto es muy injusto cuando el daño viene de fuera, pero ignorar lo que el cuerpo nos envía, quedarnos en el papel de víctimas, enganchadas al enfado o involucrarnos en conductas de restricción de la comida o control del cuerpo para ajustarnos a lo que la sociedad nos exige, añade más sufrimiento al que ya experimentamos. 

Espero que lo que te comparto tenga sentido para ti. Me encantará que me cuentes experiencias al respecto. Y si quieres aprender habilidades de regulación emocional y de autocuidado desde la autocompasión, mi equipo y yo estamos aquí para ti. Puedes reservar sesión informativa gratuita aquí

Aprovecho para compartirte un capítulo de mi podcast, Yoga y salud mental, con María Macaya, aquí.

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