Eligiendo cómo vivir nuestras vidas

ELIGIENDO COMO VIVIR NUESTRAS VIDAS

Hoy quiero compartir contigo algo que espero que ayude si estás viviendo momentos difíciles. 

Poco a poco vamos retomando la normalidad en casa después del fallecimiento de mi expareja y padre de mis hijos.

Está siendo un ejercicio muy potente, a veces doloroso, de soltar en todos los sentidos. Se hace difícil transmitir en palabras experiencias así.

Pero cada vez tengo más claro que en realidad la vida trata de esto. Nos hemos creído (o nos han hecho creer) que la felicidad está en la ausencia de malestar o dificultades y esto nos lleva a estar en lucha cuando la vida nos lleva por otro lugar. 

Estoy aprendiendo a saborearlo todo, tanto lo bueno como lo tan bueno, aunque como humana a veces me resulta dificil. Cuando me acuerdo de la ilusión de la felicidad entendida desde esa ausencia de malestar, siento que me aligero y que puedo llevarlo todo mucho mejor. 

Justo he terminado un libro que me ha encantado, «El trauma de la vida cotidiana», de Mark Epstein. Es un libro un poco denso sobre el trauma desde una perspectiva budista, y he leído algo en él que me ha hecho mucho click. El maestro budista Ajahn Chah le comparte al autor del libro sosteniendo en la mano un vaso maravillosamente pintado: «ves este vaso tan bonito, pues ya está roto». 

Este vaso ya está roto.

Es una ilusión  de la mente que el vaso permanezca así, intacto. Se puede romper en cualquier momento. Desde esta perspectiva, lo que nos lleva sufrir es aferrarnos a que permanezca intanto o pelearnos con la realidad o con nosotras mismas cuando se rompe. 

En cierta manera, lo que viene a decir el maestro es que valoremos lo que tenemos, pero sin aferrarnos demasiado a lo bueno, porque lo bueno pasa. 

A la vez, si vivimos la vida abiertas a que lo «malo» pueda venir en cualquier momento, ya que forma parte de la vida, cuando pase no sufriremos tanto. 

Es difícil encajar esto cuando nos han hecho daño. 

Muchas de mis acompañas han sufrido trauma por experiecias de gordofobia, y muy a menudo quien más daño les ha hecho han sido las personas que se supone que les tenían que amar incondicionalmente. Este tipo de trauma, el de desarrollo, es uno de los que nos generan heridas más profundas. 

Un mente traumatizada va a tener tendencia a aferrarse al placer como forma de evasión,  y a estar en pemanente alerta para evitar/huir de lo malo. Y puede parecer algo frívolo decir algo así cuando nuestra historia de aprendizajes está llena de sufrimiento, pero quiero que sepas que desde la consciencia plena y la compasión se pueden cambiar esos funcionamientos.

Es ahí  justamente donde reside nuestro espacio de libertad. No podemos elegir lo que hemos vivido, pero sí podemos elegir cómo relacionarnos con lo que hemos vivido. 

Sean cuales sean tus vivencias y tu momento vital, espero que esto tenga sentido para ti. 

 Me encantará leerte.

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