Aprendiendo de mi yo vulnerable

APRENDIENDO DE MI YO VULNERABLE

Llevo días queriendo escribir en este blog  y no he conseguido encontrar el momento para hacerlo.

No he querido escribir por escribir, porque «tengo que» (anque llevo días debatiéndome con ese pensamiento).

Hoy he encontrado el momento para hacerlo desde el corazón  y me siento feliz por estar aquí, visualizándote al otro lado, leyéndome desde el mismo lugar.

No es fácil encontrar el punto  entre nuestra necesidad de avanzar y nuestras necesidades económicas por un lado,  y nuestra necesidad de descansar y parar, por otro.

Como siempre te digo, la sociedad no nos lo pone fácil. Pero las cosas se complican, y bastante, cuando sin darnos cuenta la exigencia y perfeccionismo gobiernan nuestras vidas.

 

De alguna manera, nos pillamos sin ser capaces de aflojarnos porque la mente dice que pasarán cosas horribles, o que seremos unas vagas, o que los demás nos verán como flojas o débiles.

 

Y esto nos lleva a que nos cueste tremendamente estar en esa versión nuestra que no se esfuerza continuamente por darlo todo.

Me ha pasado a mi, me pasa todavía, y lo veo continuamente en consulta.

Cada vez tengo más claro que el autocuidado está justamente en ese espacio. O que el no habitarlo nos lo dificulta. 

No ser capaces de darnos cuenta de lo que nos dirige es la exigencia nos llevará a no ser capaces de escuchar necesidades relacionadas con el descanso, la desconexión y el disfrute.

Lo bueno es que al permitirnos contactar con nuestro yo más vulnerable, con eso que emerge cuando paramos,  con nuestros miedos, inseguridades, con nuestras flaquezas, también nos permitimos escuchar todo el resto de información que nos envía el cuerpo. 

Y cuando al estar en esa versión más vulnerable somos capaces de abrazarla no como una debilidad, sino como parte de la experiencia de ser un ser humano, podemos empezar a desidentificarnos de ese sentido del yo basado en lo que se espera, para empezar a funcionar desde un sentido del yo más basado en nuestra esencia y nuestros valores. 

Si todo esto tiene sentido para ti, te comparto que una herramienta sencilla para empezar a parar, escucharte y desidentidicarte de tus acciones y logros es el mindfulness.

Unos minutos de mindfulness al día te pueden servir para empezar a observar con curiosidad y no juicio todos esos «tengo que», anclarte al momento presente y empezar a decidir  cuáles les haces caso. No podemos hacerlo diferente sino paramos y observamos lo que nos cuenta nuestra mente. 

También te comparto aquí otro artículo relacionado en mi blog por si te sirve: «Cuándo empujarte y cuándo aflojarte»

Te leo con gratitud.

Mireia

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