¿La culpa dirige tu autocuidado?

3 PASOS PARA QUE LA CULPA NO DIRIJA TU AUTOCUIDADO

Hoy te quiero hablar sobre la culpa en el autocuidado y te comparto 3 estrategias para que ésta no dirija tu vida. 

Vivir dentro de la cultura de la dieta conlleva convivir con la culpa, ¿te resuena?

A menudo me preguntan,

¿Cómo puedo dejar de sentirme culpable después de comer? 

¿Cómo sortear la culpa cuando siento que he comido “demasiado”? 

¿Cómo puedo no compensarlo con ejercicio o dieta?  

¿Cómo puedo disfrutar de mis alimentos preferidos sin sentirme culpable? 

1. COMPRENDIENDO LA CULPA

En primer lugar, es importante entender cómo funciona la mente y las motivaciones que nos mueven.

Experimentamos culpa cuando creemos que hemos hecho algo malo.

La culpa es una emoción que evolutivamente tiene una función: moldear nuestra conducta para no dañar (a nosotros o al resto).

Y aquí es dónde está el quid de la cuestión, las emociones están modeladas por nuestros aprendizajes sociales. Es decir, lo que es correcto o no está influenciado por lo que hemos aprendido socialmente.

Vivir dentro de la cultura de la dieta implica múltiples aprendizajes en forma de reglas: 

  • Aprendemos a clasificar los alimentos como  buenos/malos 
  • Aprendemos cuáles son las cantidades correctas/incorrectas. 
  • Aprendemos combinaciones correctas/incorrectas.
  • También aprendemos mensajes como: “eres lo que comes”, “si quieres puedes”, “tu alimentación es tu medicina”,etc…

Cada nueva dieta suma más reglas a nuestra alimentación, y cada nueva regla,  una nueva culpa cuando no somos capaces de cumplir con esa regla. 

Y al final, ya no comemos para nutrirnos y disfrutar o cuidarnos, sino para intentar no sentir culpa. 

Así que es muy importante que tomes conciencia de esto: gran parte de la culpa es aprendida. No naciste sintiendo culpa por lo que comías. Es fruto de esta sociedad individualista, que pone el foco en el cuerpo, en el logro y éxito.

  

Si todo este te resuena y quieres que la culpa deje de dirigir tu autocuidado, el primer paso es la toma de consciencia de dónde viene la culpa. Desculpabilízate por sentir culpa. Te diría que casi es inevitable sentirla. Yo la sentí muchísimo en el pasado y ahora de vez en cuando todavía aparece esa vieja conocida.

 2. APRENDE A RELACIONARTE CON LA CULPA

Por otro lado, te propongo que aprendas a relacionarte con ella.

Más que no sentirla (ojalá pudiéramos cambiar nuestra mente así, de un día para otro), intenta tomar consciencia de cuándo aparece y a dónde te lleva si le haces caso (qué es lo que haces para no sentir culpa).

Cuando te des cuenta de que la culpa ha aparecido, algo que ayuda es nombrarla: «Ah, culpa, ya estás aquí», o «en este momento estoy experimentando culpa».

Esto te ayudará a poner distancia, desidentificarte de ella y poder observar esa emoción como algo que aparece fruto de los aprendizajes de la cultura de la dieta, pero a la que no tienes por qué hacerle caso.

Recuerda que como la clave no es que no aparezca, sino que no dirija tu vida, al aprender a aceptarla sin reaccionar a ella estarás creando espacio para responder de forma menos reactiva. 

3. CONECTANDO CON TUS VERDADEROS VALORES

Y por último, conéctate con tus verdaderos valores, algo que me apasiona y que sin duda es lo que más ha contribuido a mi bienestar emocional y a soltar las múltiples culpas que emergen en mi mente.

Conectar con nuestros valores  es preguntarnos cómo nos queremos tratar y cuidar. 

«Vale, esto es lo que el contexto me vende como correcto, pero ¿realmente esto es lo que quiero para mí? ¿Es así como quiero cuidarme? ¿Si le hago caso a esta culpa, a dónde me conduce? ¿Eso me ayuda a cuidarme de forma flexible? ¿Quiero pasarme la vida así?»

Solo conectando con nuestros valores podremos ir sorteando todo lo que esta sociedad nos vende como correcto.

Esto no quiere decir que no puedas modificar tus hábitos si sientes que no te ayudan a cuidarte, pero no es lo mismo cambiar una conducta para cuidarte mejor, que cambiarla para no sentir culpa.

Pregúntate si participar en conductas compensatorias, eliminar tipos de alimentos o restringir el placer  te ayudan a tener una buena relación con la comida y a nutrir tu cuerpo como necesitas. 

Sea como sea, algo que siempre te puede ayudar es darte consuelo y compasión cuando aparezca la culpa: hayas hecho lo que hayas hecho, mereces tratarte bien. Recuerda, esto no es fácil.

 

Aprovecho para compartirte otro ártículo de mi blog donde te doy estrategias para la practicar la autocompasión. Puedes leerlo aquí. 

Espero que mis palabras te resulten inspiradoras. Me encantará saber si lo que te comparto tiene sentido para ti.

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