Amar tu cuerpo por lo que es y por lo que hace por ti es algo por lo que probablemente habrás luchado durante mucho tiempo.
De hecho, conozco a pocas mujeres que se sientan completamente a gusto dentro de su piel.
Y esto es algo que me duele profundamente porque, tanto por mi trabajo como por mi propia experiencia, he podido conocer de cerca todo el sufrimiento que hay detrás de una mala relación con el cuerpo.
Veo cómo muchas mujeres vamos perdiendo confianza, dejamos de hacer cosas que nos importan y acabamos poniendo nuestra vida en pausa porque hemos aprendido, dentro de nuestra cultura, que nuestros cuerpos no son suficientemente buenos.
Pero a menudo explico que amar tu cuerpo puede resultar algo muy difícil cuando llevas años criticándolo, rechazándolo o intentando cambiarlo.
Y quizá tampoco necesites llegar a amarlo.
Puede que el camino no consista en conseguir que te guste todo lo que ves, sino en aprender a relacionarte con tu cuerpo de una manera diferente.
Aquí es donde entran la aceptación corporal y la autocompasión.
¿Qué significa realmente la aceptación corporal?
Aceptar tu cuerpo no significa que tenga que gustarte, que debas sentirte cómoda con él en todo momento o que tengas que renunciar a cualquier deseo de cambio.
La aceptación tiene que ver con aprender a reconocer y hacer espacio a los pensamientos, emociones y sensaciones dolorosas que aparecen en la relación con tu cuerpo, sin tener que luchar constantemente contra ellos.
Y también implica comprender de dónde viene parte de ese sufrimiento.
Porque nuestra relación con el cuerpo no se construye de manera aislada.
Cada una de nosotras tenemos una historia de aprendizaje, experiencias y mensajes que han ido dando forma a cómo nos vemos y nos tratamos.
Algunas mujeres han vivido experiencias de rechazo, humillación o estigmatización por su tamaño corporal.
Otras, incluso teniendo cuerpos normativos, han crecido en entornos familiares donde la apariencia física era constantemente evaluada.
Y todas estamos expuestas, de una u otra manera, a una cultura que sigue asociando determinados cuerpos con el éxito, la salud, la belleza o el valor personal.
Por eso, aceptar también implica reconocer el impacto que la cultura de la dieta, la gordofobia y las exigencias sociales han tenido en nuestra relación con el cuerpo.
No se trata de resignarnos ante estas experiencias ni de justificar las injusticias que las generan.
Se trata de reconocer lo que sentimos y comprenderlo dentro de nuestra historia y nuestro contexto.
La autocompasión: aprender a estar contigo cuando tu cuerpo no te gusta
La autocompasión tiene que ver con aprender a responder a nuestro sufrimiento con amabilidad, comprensión y cuidado, en lugar de añadir más crítica y exigencia.
Y esto puede resultar especialmente difícil cuando llevamos muchos años creyendo que tratarnos con dureza es la única manera de cambiar.
Quizá hayas aprendido que criticar tu cuerpo te ayudará a cuidarlo mejor.
O que sentir vergüenza te motivará a modificar tus hábitos.
Pero a menudo esa crítica acaba alimentando una relación de lucha constante contigo misma.
Por eso, una de las ideas que más me gusta utilizar para explicar la aceptación y la autocompasión es la de aprender a «estar con».
Estar con que hoy mi cuerpo no me guste.
Estar con la tristeza que aparece cuando siento que mi cuerpo no me permite hacer determinadas cosas.
Estar con el miedo al juicio de los demás.
Estar con la frustración de no verme como me gustaría.
Y, al mismo tiempo, reconocer que sigo mereciendo respeto, cuidado y una vida que tenga sentido para mí.
La autocompasión no consiste en convencernos de que todo está bien.
Consiste en aprender a acompañarnos también cuando las cosas son difíciles.
Cómo influye la imagen corporal en nuestra autoestima y en nuestra vida
Cuando vivimos pendientes de nuestra apariencia, es posible que empecemos a organizar nuestras decisiones alrededor de cómo nos sentimos con nuestro cuerpo.
Quizá dejes de ir a la playa porque te avergüenza ponerte el bañador.
O evites una cita porque temes que la otra persona juzgue tu aspecto.
Puede que dejes de bailar, hacerte fotografías o ponerte determinada ropa hasta que tu cuerpo cambie.
A veces estas decisiones nos proporcionan alivio inmediato porque nos permiten evitar situaciones que despiertan vergüenza, ansiedad o inseguridad.
Y es comprensible.
Pero cuando la evitación se convierte en nuestra principal manera de gestionar el malestar corporal, nuestra vida puede ir haciéndose cada vez más pequeña.
Con el tiempo, podemos acabar renunciando a experiencias, relaciones y actividades que son importantes para nosotras.
Por eso, trabajar la imagen corporal no consiste únicamente en cambiar cómo pensamos o sentimos respecto a nuestro cuerpo.
También implica recuperar la posibilidad de actuar en dirección a aquello que valoramos, incluso cuando aparecen pensamientos y emociones difíciles.
Si sientes que la preocupación por tu cuerpo está limitando tu vida y te cuesta salir de esa lucha, puede ser útil contar con acompañamiento psicológico para comprender qué está ocurriendo y aprender otras formas de relacionarte contigo misma.Puedes conocer más sobre cómo trabajo la imagen corporal en consulta individual.
No necesitas amar tu cuerpo para empezar a vivir
Empezar a cultivar la aceptación y la compasión hacia ti puede ayudarte a relacionarte de otra manera con tu cuerpo.
A reconocer el sufrimiento que has atravesado.
A comprender la función que han tenido la crítica, el control o la evitación en tu historia.
Y a empezar a responder de una manera más flexible y cuidadosa.
Pero esto no significa que un día dejes de tener pensamientos críticos o que nunca vuelvas a sentir vergüenza corporal.
Nuestra mente puede seguir trayendo mensajes que hemos aprendido durante muchos años.
La diferencia está en que podemos aprender a relacionarnos con ellos sin tener que obedecerlos siempre.
Quizá hoy tu mente te diga que no deberías ir a la piscina porque tu cuerpo no es suficientemente bonito.
Y quizá puedas reconocer ese pensamiento, hacer espacio a la incomodidad y preguntarte:
¿Qué quiero hacer con mi vida, más allá de lo que mi mente me está diciendo sobre mi cuerpo?
A veces será ir a nadar.
Otras, salir a bailar, quedar con tus amigas, tener una cita, comprarte ropa que te resulte cómoda o simplemente descansar.
No porque tengas que demostrar nada.
Sino porque tu vida merece tener espacio para muchas más cosas que la preocupación por tu apariencia.
Y puede que, poco a poco, descubras que cuidarte no requiere estar satisfecha con cada parte de tu cuerpo.
Puedes aprender a respetarlo, escucharlo y atender sus necesidades incluso en los días en los que no te gusta.
Quizá no necesites amar tu cuerpo para empezar a vivir. Quizá puedas empezar por dejar de poner tu vida en pausa hasta que tu cuerpo cambie.
¿Y si empezaras a relacionarte con tu cuerpo de otra manera?
Quizá llevas mucho tiempo esperando a sentirte mejor con tu cuerpo para empezar a cuidarte, disfrutar o hacer determinadas cosas.
Pero no necesitas esperar a que desaparezca el malestar para empezar a tratarte con más respeto y compasión.
He preparado el ebook gratuito «31 días para cultivar la aceptación corporal», con reflexiones y ejercicios que pueden ayudarte a llevar estas ideas a tu día a día.
Porque comprender lo que nos ocurre es importante, pero también necesitamos espacios para practicar otras formas de relacionarnos con nosotras mismas.
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